
LA SANGRE EN EL TINTERO
A Federico García Lorca
Lo mismo yo, que sin fusiles muero
que tú, que el dios al que mi sombra asiste,
estamos condenados a la triste
tormenta de la sangre en el tintero.
Por mucho que se esfuerce el aguacero
por decir que la muerte ya no existe,
el eco de la sangre se resiste
a callar mansamente en su agujero.
Es su dolor lo que el silencio evoca.
El grito se ha tornado justiciero
latiendo bajo el pecho de la roca.
Y su cadáver de morir austero
dispara estas palabras en mi boca
haciéndome su voz y su escudero.
TADEO