
y sigue en tu interior depositada
la savia de mi cuerpo disparada
cual lluvia tormentosa en tu desierto.
sobre tu cabellera endemoniada,
y le canto al amor sin decir nada,
y me abrazo a la vida como un muerto,
allí donde mi cuerpo se hace tierra,
y dime, sin pensar en un motivo:
"me entrego a tu calor como una perra".
desnúdame otra vez, y hazme la guerra.