
EN LA TORMENTA
Su cuerpo, un remolino, y yo el barquero
desnudo y detenido en la corriente,
el dedo que condena al inocente,
la cruz del aprendiz de marinero.
Aquél que nunca más el caladero
volvió a pisar a por su pez ardiente,
aquél que se ha quedado, de repente,
sin barco que llevar al astillero.
No sé si es este mar lo que más duele
ni si la soledad que me atormenta
me va a impedir al fin que me flagele.
No sé, porque sacando bien la cuenta,
pudiera suceder como me suele
pasar, y encuentre paz en la tormenta.
Su cuerpo, un remolino, y yo el barquero
desnudo y detenido en la corriente,
el dedo que condena al inocente,
la cruz del aprendiz de marinero.
Aquél que nunca más el caladero
volvió a pisar a por su pez ardiente,
aquél que se ha quedado, de repente,
sin barco que llevar al astillero.
No sé si es este mar lo que más duele
ni si la soledad que me atormenta
me va a impedir al fin que me flagele.
No sé, porque sacando bien la cuenta,
pudiera suceder como me suele
pasar, y encuentre paz en la tormenta.
TADEO
4 comentarios:
Cuánto ángel en tus versos
Un abrazo
Hola Stella:
Muchas gracias pir devolverme la visita y dejarme tu lindo comentario. Un abrazo:
Tadeo
Tadeo, este soneto está muy hermoso, en especial el último terceto. Decís muchas cosas en 14 versos perfectos.
Un beso.
Hola Anónimo:
Me siento muy feliz de que estos versos te gustaran. Un abrazo:
Tadeo
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