viernes, 22 de febrero de 2008

EN LA TORMENTA


EN LA TORMENTA

Su cuerpo, un remolino, y yo el barquero
desnudo y detenido en la corriente,
el dedo que condena al inocente,
la cruz del aprendiz de marinero.

Aquél que nunca más el caladero
volvió a pisar a por su pez ardiente,
aquél que se ha quedado, de repente,
sin barco que llevar al astillero.

No sé si es este mar lo que más duele
ni si la soledad que me atormenta
me va a impedir al fin que me flagele.

No sé, porque sacando bien la cuenta,
pudiera suceder como me suele
pasar, y encuentre paz en la tormenta.

TADEO