
EL DULCE ACOSO
Con la mano en tu pecho recluida
fui el amante un instante, luego ancioso
servidor de la causa del reposo
después de la explosión de darte vida.
Durmiente, del placer arrepentida
mi piel, después del acto cadencioso,
librarse pretendió del dulce acoso
huyendo de tu amor como un suicida.
Insomnes dedos, a tu pecho en vilo,
asedian, y a su broche diminuto,
torturan con impúdico sigilo.
Después, la muerte dulce, el sueño astuto,
entra al cuerpo mortal que a Dios le alquilo,
y duerme en ti, feliz, del pecho el fruto.
Con la mano en tu pecho recluida
fui el amante un instante, luego ancioso
servidor de la causa del reposo
después de la explosión de darte vida.
Durmiente, del placer arrepentida
mi piel, después del acto cadencioso,
librarse pretendió del dulce acoso
huyendo de tu amor como un suicida.
Insomnes dedos, a tu pecho en vilo,
asedian, y a su broche diminuto,
torturan con impúdico sigilo.
Después, la muerte dulce, el sueño astuto,
entra al cuerpo mortal que a Dios le alquilo,
y duerme en ti, feliz, del pecho el fruto.
TADEO