
ESPEJO
Asusta la imprudencia del espejo,
su lúcida memoria reflexiva
que espanta la ilusión y que nos priva
del arma del olvido y su festejo.
Observo en su interior y me acomplejo
del rumbo de mi cuerpo y su deriva.
El tiempo se hace fuerte en la ofensiva
dispuesto a condenarnos a lo viejo.
Sin una explicación, sin un motivo,
las luces que alumbraban en mi mundo
se apagan, y me siento un fugitivo
del cerco de cristal donde me fundo,
añorando la magia del segundo
en que daba la imagen de estar vivo.
TADEO