
LA MUERTE, ESA PIEDAD
La muerte, esa piedad que nos aterra,
hoy viene con su sombra y con su abrigo
a darme salvación como castigo
y a hundirme como a un barco bajo tierra.
Me adora y a la vez, me hace la guerra
poniendo su silencio por testigo
y yo con mis dos manos la bendigo
y aplaudo a quien del mundo me destierra.
Con esta voz que canta soterrada
y deja acaso un eco irreverente
estreno con mis huesos la morada
del nada siento, y siento, (si se siente)
venir de mi pasado, inmaculada
la paz hasta mi tumba del presente.
La muerte, esa piedad que nos aterra,
hoy viene con su sombra y con su abrigo
a darme salvación como castigo
y a hundirme como a un barco bajo tierra.
Me adora y a la vez, me hace la guerra
poniendo su silencio por testigo
y yo con mis dos manos la bendigo
y aplaudo a quien del mundo me destierra.
Con esta voz que canta soterrada
y deja acaso un eco irreverente
estreno con mis huesos la morada
del nada siento, y siento, (si se siente)
venir de mi pasado, inmaculada
la paz hasta mi tumba del presente.
TADEO